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Sólo pero feliz

Algunas veces simplemente me doy cuenta que no logro captar todas las ideas y ordenarlas para, por ejemplo, explicárselas a las personas que me rodean.

Otras simplemente pienso que las personas que me rodean no podrían lograr comprender cien por ciento lo que les estoy explicando. No me refiero a lo que les digo, claramente entenderían eso, sino más bien me refiero al sentimiento que siento con respecto a las cosas que les contaría. No sé si me explico correctamente.

Algunas otras simplemente no quiero contarlo y decido guardarlas dentro mío porque considero que no les interesaría, por más que para mí esas, digamos, vivencias, sean extremadamente importantes. Entonces decido callar.

Pocas veces cuento lo que me pasa y, cuando lo hago, siento que los demás lo reciben de diferente forma a como yo lo siento. Entonces hago como dije anteriormente. Las callo y las vivo sólo, pero feliz.

 

La necesidad…

Caminaba bajo la lluvia de la noche. Esperaba durante días que lloviese de madrugada. Salía a caminar y mojarse. Disfrutaba esas únicas veces que podía encontrar la calle vacía completamente y se alegraba en ese mundo. Un mundo del que creía ser dueño.

Pocas cosas disfrutaba más que eso. Quizás coger, la soledad o tomar . Esos eran sus vicios.

Le encantaba levantarse y estar solo, comer solo o mirar una película solo. Cualquier momento era ideal para tomar. Y el sexo, de las cosas que más le importaban. Era el único momento en el cual disfrutaba relacionarse con alguien.

Esa noche no caminó todo lo que le hubiese gustado. Sólo algunas cuadras antes de encontrarse con alguien. Alguien más estaba en su calle, perturbando uno de los únicos momentos que le interesaban vivir. Uno de los únicos momentos por los que deseaba vivir.

Desesperado por sentir algo más, corrió hasta el sujeto. Nada más le importaba que sus ganas de sentir algo. Lo golpeó en la cabeza y el hombre cayó. Él le siguió pegando hasta que dejó moverse. Y en ese momento se sintió pleno, en su mundo y en su calle. Solo.

 

Ayer…

P. se levantó y vio que era un soleado día de primavera. Se sentía solo, como era habitual, aunque eso ya no lo afectaba. Era un día normal, como cualquier otro. La pesadez de tener que levantarse 6:45 era agobiante. Todavía tenía que lavarse los dientes, las manos, la cara, desayunar, revisar los mails, guardar la comida que todas las noches anteriores sobraba para almorzar y recién después de realizar estas cotidianas tareas, salir de su casa.

Era uno de los días más largos de la semana, un martes, los odiaba, quizás más que a los lunes.

Tenía que irse a la redacción, escribir alguna nota que pudiera interesarle a los lectores, ir a la facultad, volver a la redacción, editar y programar todo para el otro día y después emprender el largo camino de vuelta a casa en la provincia, muy lejos de la metrópolis que ya comenzaba a fastidiarlo a causa de los bocinazos constantes de la calle Corrientes, la velocidad y el mal humor del 99% de las personas que están ahí.

En su lugar todo era diferente. Le encantaba llegar y sentir la tranquilidad de su barrio después de haber viajado noventa largos minutos. Caminar por las rotas calles de la provincia era algo que siempre iba a extrañar si algún día se llegase a ir de ahí.

En realidad, su “día como cualquiera” terminó no siendo tal, al menos para su cabeza.

La normalidad de su jornada duró hasta las cuatro de la tarde, cuando a una compañera de sección le sonó el celular. La cara de la chica cambió instantáneamente. Los ojos se le llenaron de lágrimas y él sabía que algo bastante malo había pasado. Una de las pocas frases que logró escuchar, y que en realidad fue la única que importó, fue “¡¿Qué pasó?!”. La respuesta, aunque P. no la conocía, era bastante lógica. Alguien había muerto.

P. se sintió mal, verdaderamente mal. Pero no supo cómo reaccionar. Nunca había sabido cómo reaccionar ante esos horribles eventos. Decir “lo siento”, al menos para él, no significa nada. Eran vagas palabras sin sentido que en absoluto ayudarían a mejorar el sentimiento mortificante de la persona que tenía enfrente.

Le preguntó qué había pasado y ella se largó a llorar. Los sentimientos de tristeza y malestar de P. por no saber cómo actuar y ayudarla, crecían…pero seguía callado, sin hacer nada, como un idiota.

Lo primero que él dijo después de que ella le contó lo que pasó fue vergonzoso. Le dijo que se fuera a la casa, que él podía terminar el trabajo que quedaba y que no se preocupara. En ese momento se superó, ya no pensaba que era un idiota, ahora pensaba que era un idiota y la persona más fría con la que alguien podría encontrarse.

Estaba seguro que nadie en el mundo podría haberle respondido qué quiso decir con que no se preocupara. Tampoco entendía a quién podría importarle si su trabajo estaba o no terminado o cómo podría no llegar a preocuparse…

Su día continuó y por un momento todo había pasado. Hasta que comenzó el largo camino de vuelta. Esos noventa minutos eran terribles si no tenía ganas de pensar. El colectivo funcionaba como una especie de burbuja donde su cabeza viajaba donde quisiera. Los pensamientos iban y venían, al parecer, sin criterio alguno.

En esos minutos volvió a ese momento, volvió al momento que le había dicho a su compañera que podía irse a su casa y que él podía hacer su trabajo. Una y otra vez repitió la escena, culpándose de no haber sabido de qué forma reaccionar para poder aplacar sus tristes sentimientos.

Siguió pensando, mientras atravesaba las rotas calles de su barrio, que actuó de la peor manera posible, que, aunque quería, no la había ayudado en absoluto y que si hubiese estado sola, hubiese estado mejor.

 

Publicado

5 November 2007 @ 11am

 

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…de mí

Fui el primer hijo de una familia tipo (padre, madre, 2 hijos) y durante toda mi vida cargué con el karma de ser el hijo digamos, más inteligente y capaz.

Nunca me llevé una materia, nunca demasiados quilombos en el colegio, nunca generé demasiados problemas.

Terminé la secundaria en un colegio medio pelo, típica escuela del estado donde estudiar para una lección de historia significa memorizarte (o entender, según lo que entiendas vos por estudiar) unas 5 o 6 páginas. Una verdadera boludez.

Después empecé con el estudio superior. La ‘gran’ facultad, donde aprendería todo lo que necesitaba para ser una persona bien y poder vivir sin mayores problemas…

Resultó que dejé la carrera de informática. Siempre imaginé que la computación era lo mío porque pasaba horas y horas sentado delante de la computadora con el boom de Internet. Los mails, el msn, los videos, el porno, la música, todo eso hacía que pasara todas mis tardes, y madrugadas, pegado al monitor.

Aunque, lógicamente (cualquier persona se hubiera dado cuenta de tan simple suma), eso no era estudiar informática. La carrera venía seguida de complicados y rarísimos algoritmos que había empezado a entender (pero que no quería) y pelotudos compañeros que no podían mirar más allá de su propia nariz.

En fin, todo esto hizo que terminara estudiando Periodismo. La carrera que había descartado cuando terminé la secundaria porque no me iba a dejar tanta guita.

Hoy estoy terminando el terciario y estoy seguro de que seguiré los dos años que quedan para terminar la licenciatura…

La verdad es que no sé porque hice toda esta introducción. O sí. Pero no sabía como comenzar a contar lo que en realidad quería.

Quería escribir que no me siento tanto como muchos piensan (no contemos las personas que piensan que soy un reverendo boludo, tanto en la vida personal como intelectualmente), me refiero más que nada a mi familia, quienes piensan que tengo una capacidad superior. Mi viejo se llena la boca hablando de la capacidad que su hijo tiene. Que lee los diarios (que más podía hacer si ‘soy’ periodista), que escribe notas firmadas, que puede entablar una conversación sobre un conflicto de medio oriente (cosa que no creo poder hacer) o que se puede pajear en el baño de la casa de la abuela (no estoy cien por ciento seguro de que diga eso, quizás sea mi imaginación).

No entiendo qué ven en mí como para decir que sé de qué hablo. No creo saberlo, ni siquiera estar cerca. Ni tampoco de llegar a ser alguien o hacer algo ‘importante’, como ellos perjuran.

Soy uno más del montón. Al menos eso pienso. Espero estar equivocado, una vez más.

 

Odio, charla, tranquilidad

Nunca me contaron sobre el tema, por lo que tuve que empezar a averiguar para enterarme. Supe que una vez habia pasado algo groso en la familia y lo único que alguna vez escuché fue un rumor detrás de una puerta de un baño de la casa con olor a humedad de alguna vieja tia en una cena familiar, alguien decia: “Ya sé, siempre lo supe, no es necesario que me lo digas. Pero me hice el boludo durante todos estos años para evitar problemas. Supongo que me entenderás”.

No puedo decir los nombres de las personas involucradas. Sería un verdadero problema familiar -el cual no puedo ni quiero bancar en estos momentos jodidos de mi vida-.

Supongo que todo pasó cuando yo tenía unos 3 o 4 años. Quizas más, quizas menos. Mi vieja estaba embarazada de un hermano que, si todo hubiese salido bien, hubiese tenido y tendría hasta el día de hoy… eso no pasó y el pibe que estaba dentro de la panza se perdió.

Ese no es el problema. El verdadero problema es el cómo…

Usualmente los bebés se pierden con golpes, con pastillas o con abortos, al menos las formas ‘convencionales’. Eso es lo usual. Lo usual no es que una mina de la familia te haya empujado de una puta escalera, te haya hecho romper el brazo y te haya hecho perder un hijo.

Las cosas no terminan acá. Esto lo escuché afuera de ese baño en esa casa con olor a humedad en una cena familiar, y luego logre enterarme de todo, hace, finalmente, dos -largos- años. Hoy ya pasaron cinco y, antes que nada, no me arrepiento de lo que hice. Vale la pena aclararlo. También quiero aclarar que no estoy loco. Quizás piensen lo contrario, pero deberían ponerse en mi lugar. Y tambien quiero aclarar que no me importa si alguna vez alguien se entera, o si habra consecuencias al respecto.

Un día me levanté, como todos los demas durante cinco años: pensando en eso. Fui hasta la casa y, como nos llevamos bien, entré.

Tomamos algo. un te o un cafe, no recuerdo bien. Terminamos una amena charla, como las que teniamos usualmente, nos saludamos y mientras caminabamos hasta la puerta, le pegue un tiro.

La sangre salpicó toda la puerta, la cual abrí para poder irme a mi casa a dormir la siesta, que tanto ansiaba.

 

rutina matadora

Y finalmente despertaste, aunque habías imaginado que iba a ser grato…
no lo fue (otra vez, era obvio).

Una botella de whisky casi terminada, le diste el último trago y empezaste la rutina que tanto te lastima.

Mañana, bondi, laburo, laburo, laburo, laburo, laburo, laburo, bondi, whisky, sueño, mañana…